Ahí me encontraba, perdida, perdida mirando sus caras y recordando cuanto echo de menos la tuya, cuanto echo de menos a mi mejor compañero, cuanto echo de menos a mi ahora nada que una vez fue todo... quizás la pregunta sería, si estas con amigos... ¿como puede ser que le eches de menos a él?, es sencillo, por que era él.
Era él mi mejor amigo, mi compañero de fatigas, mi compañero de silencios y de las múltiples sonrisas, fue él el que me enseño a que había mucho mas allá de mis limites prefijados, y que a veces mucho menos era más.
Fue él quien me dijo que saltara, ay! y cuantas veces salté gracias a él, y cuantas otras saltó él detrás para salvarme, era un complemento, una mitad diseñada a la perfección para mis imperfecciones. Él fue el que hizo que mereciera la pena, y también fue él quien me hizo sentir lo contrario.
Cuantas veces sentí que todo se esfumaba y cuantas veces sentí mis ojos bloqueados por miles de gotas saladas, ay! cuantas veces desee que volvieras y no lo hiciste, cuantas veces soñé que los sueños no fueran sólo sueños, no fuera mi subconsciente invocándote. Cuantas veces te miré sin estar, y cuantas te vi y me escondiste... te di tanto a cambio de tan poco... que no fue suficiente.
Y quizá por todo eso, aquí me encuentro, perdida entre mil miradas amigas, pérdida en consejos valiosos que no aplico, enfadada con la razón y aliada con el corazón, discutiendo con el tiempo pues no distingo entre si hizo el olvido o la comodez, no distingo si me dio alivio o me dio resignación, no distingo entre si me hizo mas fuerte o mas vulnerable, estas cosas que tú antes estabas para ayudarme a entender y que ahora me obligan a encontrarme con estas mil miradas en las que antes no me importaba perderme.
Y Mientras tú me pierdes, sigo tus consejos y yo me obligo a encontrarme, un mediano, ¡por favor!

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