jueves, 8 de septiembre de 2016

Recordando

Hace no tanto, o no hace mucho me perdí entre las miradas de una tarde de café entre amigos, una tarde de esas en las que no hablas de nada pero te pones al día de todo, una tarde en la que uno cuenta sus problemas y el resto da mil consejos que nunca se aplica a sí mismo.

Ahí me encontraba, perdida, perdida mirando sus caras y recordando cuanto echo de menos la tuya, cuanto echo de menos a mi mejor compañero, cuanto echo de menos a mi ahora nada que una vez fue todo... quizás la pregunta sería, si estas con amigos... ¿como puede ser que le eches de menos a él?, es sencillo, por que era él.

Era él mi mejor amigo, mi compañero de fatigas, mi compañero de silencios y de las múltiples sonrisas, fue él el que me enseño a que había mucho mas allá de mis limites prefijados, y que a veces mucho menos era más.

Fue él quien me dijo que saltara, ay! y cuantas veces salté gracias a él, y cuantas otras saltó él detrás para salvarme, era un complemento, una mitad diseñada a la perfección para mis imperfecciones. Él fue el que hizo que mereciera la pena, y también fue él quien me hizo sentir lo contrario. 

Cuantas veces sentí que todo se esfumaba y cuantas veces sentí mis ojos bloqueados por miles de gotas saladas, ay! cuantas veces desee que volvieras y no lo hiciste, cuantas veces soñé que los sueños no fueran sólo sueños, no fuera mi subconsciente invocándote. Cuantas veces te miré sin estar, y cuantas te vi y me escondiste... te di tanto a cambio de tan poco... que no fue suficiente. 

Y quizá por todo eso, aquí me encuentro, perdida entre mil miradas amigas, pérdida en consejos valiosos que no aplico, enfadada con la razón y aliada con el corazón, discutiendo con el tiempo pues no distingo entre si hizo el olvido o la comodez, no distingo si me dio alivio o me dio resignación, no distingo entre si me hizo mas fuerte o mas vulnerable, estas cosas que tú antes estabas para ayudarme a entender y que ahora me obligan a encontrarme con estas mil miradas en las que antes no me importaba perderme.

Y Mientras tú me pierdes, sigo tus consejos y yo me obligo a encontrarme, un mediano, ¡por favor!




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